Pollo con quimbombó estilo Minas Gerais: receta tradicional paso a paso
Pocos platos representan tan bien la mesa de Minas Gerais como el pollo con quimbombó (una hortaliza también conocida como okra). Es esa comida de domingo en familia, servida con arroz blanco suelto, angu cremoso (una polenta de harina de maíz) y una buena cucharada de tutu o frijoles al lado. El aroma del sofrito llenando la cocina ya anuncia que viene algo bueno.
Si siempre tuviste recelo de cocinar quimbombó por su famosa 'baba', puedes relajarte. En este artículo aprenderás todos los trucos para dejar el plato en su punto justo, con el pollo tierno, la salsa espesa y el quimbombó firme y delicioso. Vamos juntos a rescatar esta receta tradicional que pasa de generación en generación en las cocinas de Minas.
Ficha de la receta
- Plato: Pollo con quimbombó tradicional de Minas Gerais
- Origen: Brasil
- Región/tradición: Minas Gerais
- Categoría: Plato principal
- Dificultad: media
- Tiempo: 1h30
- Rinde: 6 porciones
Ingredientes — Pollo
- 1 pollo entero cortado en piezas (alrededor de 1,5 kg), o muslos y contramuslos si lo prefieres
- 4 dientes de ajo machacados
- 1 cebolla grande picada
- 2 tomates maduros sin piel picados
- Jugo de 1 limón
- 3 cucharadas de aceite
- 1 hoja de laurel
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
- Cilantro y cebollín al gusto
- Agua caliente para cocinar poco a poco
Ingredientes — Quimbombó
- 500 gramos de quimbombó fresco y firme
- 1 cucharada de aceite
- 1 pizca de sal
- 1 chorrito de vinagre o limón (ayuda a controlar la viscosidad)
Modo de preparación
- Sazona el pollo con el ajo, el jugo de limón, la sal y la pimienta y déjalo tomar sabor por al menos 30 minutos.
- En una olla grande, calienta el aceite y dora bien las piezas de pollo por todos lados, garantizando color y sabor a la salsa.
- Agrega la cebolla y sofríe hasta que quede transparente.
- Incorpora el tomate y la hoja de laurel, revolviendo hasta formar una salsa.
- Añade agua caliente poco a poco, cubriendo parcialmente las piezas, tapa la olla y cocina a fuego medio-bajo hasta que el pollo quede bien tierno, de 40 a 50 minutos, completando con agua siempre que sea necesario.
- Mientras el pollo se cocina, lava bien el quimbombó, sécalo con un paño limpio y córtalo en rodajas gruesas o por la mitad a lo largo.
- Calienta una sartén con el aceite, agrega el quimbombó con una pizca de sal y el chorrito de vinagre y sofríe a fuego alto sin revolver mucho, hasta que dore ligeramente.
- Lleva el quimbombó dorado a la olla del pollo y cocina por 10 minutos más para que tome el sabor de la salsa.
Consejos y variaciones
- Mantén todo bien seco: lava el quimbombó con antelación y sécalo muy bien antes de cortarlo, pues el agua es la principal responsable de la baba.
- Corta el quimbombó con un cuchillo seco y evita revolverlo demasiado durante el sofrito.
- Usa fuego alto y vinagre o limón como aliados contra la baba.
- Nunca cocines el quimbombó demasiado tiempo dentro de la salsa, o se deshace y pierde su textura firme.
- Usa solo muslos y contramuslos para un resultado más jugoso, o pechuga de pollo para una versión más magra, ajustando el tiempo de cocción.
- Sustituye el tomate fresco por salsa de tomate casera en días de prisa.
- Sirve con angu de harina de maíz o remata con un poco de pimienta biquinho (un ají dulce brasileño), como hacen algunas familias de Minas.
- Agrega una pizca de cúrcuma para dar color dorado a la salsa.
- Conserva en el refrigerador por hasta 3 días en un recipiente cerrado.
- Para congelar, guarda por hasta 2 meses, recordando que el quimbombó puede ablandarse un poco tras la descongelación.
- Recalienta a fuego bajo con un chorrito de agua para que no se reseque.
- Una porción tiene, en promedio, cerca de 320 calorías, rica en proteínas del pollo y en fibras y vitaminas del quimbombó — valores aproximados, que varían según los cortes y la cantidad de aceite.
El pollo con quimbombó tiene raíces profundas en la historia de Minas Gerais, mezclando ingredientes traídos por distintos pueblos que formaron nuestra cocina. El quimbombó llegó a Brasil con la influencia africana durante el período colonial y encontró en Minas Gerais el escenario perfecto para consolidarse como un ingrediente querido del día a día. Combinado con el pollo de campo y el angu, se convirtió en símbolo de la comida de raíz, esa hecha con cariño y servida en grandes ollas. Preparar este plato es, más que una receta, una forma de mantener viva una tradición que reconforta corazones y reúne familias a la mesa.